Fin del bolívar para los turistas en Venezuela: Maduro busca dólares a toda costa

La moneda oficial de Venezuela es el bolívar. Lo es desde que el presidente Antonio Guzmán Blanco lo estableciera así en 1879. No hay ninguna otra con la que se puedan hacer operaciones en el país. Pero la economía y la falta de ingresos en divisas extranjeras para el Estado, fruto de la caída de los precios del petróleo, están haciendo que, poco a poco, aparezcan servicios o tasas que los extranjeros deben liquidar en dólares. El pasado 22 de septiembre, el Ejecutivo decretó en Gaceta Oficial que los extranjeros en el país que estén como “no migrantes” o “transeúntes” deberán pagar en moneda extranjera todos los trámites de actos o documentos vinculados a migración y extranjería. Será para aquellos que “perciban ingresos comprobables en divisas”.

No es la primera medida que adoptan en este sentido. En abril de 2016 se autorizó a hoteles de alta categoría y a los de la red estatal Venetur al pago de sus servicios en dólares. Así, una habitación en un hotel calificado como 5 estrellas en el barrio de Los Palos Grandes, en el centro de Caracas, cuesta 643.484 bolívares por noche. Al cambio en la tasa en negro, equivale a 18 euros. Pero en el hotel piden el pago con tarjeta extranjera o a por transferencia a una cuenta extranjera. La tasa que aplican es la Dicom/Simadi, creada por el Gobierno. A la hora de escribir esta nota es de 3.345 bolívares por dólar. A ese cambio, la habitación cuesta 165 euros, barato si se compara con un hotel de alta gama en Madrid, pero caro si se pone ojo en la calidad de los servicios, en merma desde que el país entro en crisis alrededor de 2013.

El último cambio que tuvo el bolívar fue en su nombre, cuando en 2007, junto con una reconversión monetaria que quitó de un plumazo tres ceros para tratar de frenar la inflación. “Tendremos un bolívar fuerte y una economía fuerte”, dijo el entonces presidente Hugo Chávez. Y se llamó así, bolívar fuerte.

ÁNGEL MARTÍNEZ

Al contrario de lo que indica su nombre, la moneda ha ido en caída libre. Hoy se puede cambiar en la frontera por apenas 10 céntimos del peso colombiano. En noviembre de 2016, un dólar equivalía a 1.500 bolívares. Hoy, en esa tasa de cambio hecha en el mercado negro, se cambia un dólar por 29.000 bolívares. Al cóctel se añade el control cambiario que tiene Venezuela desde 2003, en inicio, para evitar la fuga de divisas, pero que en la actualidad ha supuesto un yugo a las empresas y un foco de corrupción, al ser el Gobierno el único con capacidad para dar dólares.

La caída del bolívar no llega sola, va de la mano viene junto a la de los precios del barril de petróleo, que desde 2014 ha pasado de los más de 100 dólares a los actuales 45,45. El país depende en su totalidad de las exportaciones de crudo y, al caer el costo de su mono producto, así los ingresos del Estado. “El Gobierno tiene escasez de divisas, muy grande, y una necesidad importante de dólares, y así, ha tomado la decisión de ponerse más agresivo para el cobro de ciertos servicios en divisas. Eso no resuelve ni el 0.01 del problema”, explica el economista Luis Oliveros.

Dentro de los servicios que se están cobrando en dólares a los extranjeros está el teleférico de Caracas, el que lleva al Ávila -o Warairarepano, en su nombre indígena-. Para un extranjero, el precio para subir es de 15 dólares. “En un país sonde se incentiva supuestamente el turismo, eso hace ruido. Antes de cobrar en dólares, Venezuela debe ganarse su puesto como destino turístico y que la gente busque un incentivo para venir. Aunque suene feo, eso denota la gran necesidad de divisas del Estado”, explica Oliveros, quien además se pregunta “qué porcentaje va de verdad al fisco y cuánto se pierde en el camino”.

¿Hacia una doble economía a la cubana?

Otro punto que señala el economista es la gran diferencia de tarifas. Por ejemplo, en el teleférico de Mérida, el Mukumbarí, uno de los más altos del mundo, los venezolanos deberán pagar 8.000 bolívares (22 céntimos de euro en tasa paralela, 2 euros a tasa Dicom/Simadi). En cambio, un extranjero deberá pagar 42 euros. “En Francia o España no hay diferencia tan grande en tarifas. Más allá del tema de cobrar en divisas, esa diferencia solo la he visto en Cuba. Me llamó la atención en La Habana que, en Coppelia -la famosa heladería estatal cubana que tiene su réplica en Caracas-, había una fila para cubanos para un precio en pesos y otra para extranjeros que pagaban en CUC -el peso convertible cubano, moneda también oficial y que equivale a un dólar-. Le decía a mi esposa que no entendía esa diferencia”, dice.

Los extranjeros no residentes que salgan del país con billetes de avión emitidos en divisas también tendrán que pagar una tasa de 30 dólares. En este caso, también se permite el pago “en otra divisa al tipo de cambio establecido de conformidad con la normativa en materia cambiaria”. Otro de los pagos que se están haciendo en el aeropuerto de Maiquetía es la de impuestos sobre artículos nuevos que llegan al país. Si bien esta norma no es de ahora, es desde hace unos meses que se está aplicando con bastante rigor. Por ejemplo, un teléfono nuevo puede implicar un pago de impuestos de hasta 150 dólares.

Para la economista Anabella Abadí, el cobro en divisa extranjera “implica que el turista no se beneficiará con ningún dólar subsidiado ni del diferencial cambiario que hay en el país. En la escasez de divisas que hay, lo que hace el Gobierno es no darles beneficios cambiario y le pide que traiga esa divisa. El tema que al existir un mercado paralelo, de alguna manera siempre pueden obtener beneficios quienes vengan de fuera, pero donde el Gobierno mete la mano, siempre exigirá ese pago”.

EDUARDO SEGOVIA

El pago en dólares no está ocurriendo solo con servicios del Gobierno. Desde hace tiempo hay muchas operaciones entre particulares que se hacen en esta moneda. Grandes operaciones como pago de alquileres o compra de inmuebles y vehículos. Pero recientemente, en casos contados en la intimidad, hay pequeñas operaciones que no se pagan con bolívares. Juan Campos (nombre ficticio) es el dueño de una peluquería en Los Palos Grandes. “Hay ocasiones en que alguna clienta me paga en dólares, en efectivo, porque les sale mejor que pasarme los bolívares. A una le hice un trabajo bastante extenso y me pagó 20 dólares. En qué peluquería de otro país cobran eso”.

Igual le pasa a Daniel Ramírez, quien también prefiere mantener su identidad a salvo por motivos de seguridad. Es taxista de línea. “Hay clientes de fuera que les cobro en dólares. Ellos mismos me lo ofrecen porque es complicado tener efectivo en bolívares. Y yo lo acepto, porque es un ingreso más fuerte. Ganamos ambos”.

A pesar de estas transacciones, tanto Oliveros como Abadí coindiden en que el país no va camino a una dolarización. “Y sería terrible que fuera así, porque la dependencia de Venezuela en extremo con el petróleo hace que la economía sea aun más inestable. La dolarización no resuelve los problemas, no garantiza las instituciones serias, un manejo fiscal eficiente o la corrupción y el manejo de estadísticas”.

En julio, el Gobierno autorizó a las clínicas privadas del país el cobro de sus servicios en dólares a las personas no residentes en Venezuela. A veces, bajo este paraguas y con la excusa de que algunos materiales vienen de fuera, la picaresca va por delante. Margarita, extranjera con varios años de residencia en el país, acudió a una consulta médica privada. Cuando pidió presupuesto para una ortodoncia, el médico se lo dio en dólares. Ella había acudido por recomendación de una amiga, ésta venezolana, que una semana antes se había hecho el mismo tratamiento. A la nacional se lo cobraron en bolívares a un monto que, calculado en tasa Simadi/Dipro (3.345 bolívares por dólar), asciende a 448 dólares. A la extranjera se lo ofrecieron por 2.500 dólares.

 

Fuente El Confidencial

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Autor entrada: Editorial

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